Poesía, Vida, Sexo, Amor, Sociedad...

viernes, 12 de noviembre de 2010

Cáliz amargo...

No señor, no me abandonés…

Vos dijiste que a tu lado yo era invensible…

¡Heme aquí vencido, Dios…!

Heme aquí…


No me abondonés, Creador.

Consolame, por favor, consolame.

Solo estoy y solo no quiero morir.

No, Dios. No me abandonés.


Por favor, si de verdad existís.

Abrazame y matame entonces…

Pues no puedo beber de este cáliz…

Este cáliz no es para mí…


Perdón, omnisciente, te equivocaste…

No va para mí. No va para mí, Señor.

Yo no soy así y nunca lo seré.

Fortaleza, te pido… Pues tu amor ya se me fue negado.


No quiero volver, ya no quiero caer.

Mucho pesa… mucho pesa.

Ni una lágrima más…

Pesadez ya me mató una y otra y otra vez.


Decime Señor si con vos soy invencible…

Decime, Amor de mi vida, si me querés…

Ya no puedo…


¡Matame! ¡Matame!

No puedo beber de este cáliz amargo otra vez…

¡Matame! ¡Matame!

Mis heridas no sanan…

Mi sangre no para de correr…

Mi terror por la burla persiste…

Alejate depresión…

Alejate que mi vida ya haz hecho una prisión…


¡Sólo desaparecer quisiera!

¡Sólo cerrar los ojos y ya no viviera!

¡Por la gran puta vos que te decís celestial!

¡Matame, matame, matame!

jueves, 11 de noviembre de 2010

Reencuentro

Había sido un largo viaje, ella se sentía muy cansada; mas ningún cansancio iba a impedirle que disfrutará el regreso a su país. La primera vez que regresaba. Esa era su nación, su vida pasada. Le había ido muy bien en Suecia: allí estudió medicina especializándose en anatomía. Y sí que se especializó en anatomía; conoció a un sueco muy buen mozo, que aunque un poco celoso, la había hecho muy feliz en ese país tan desconocido para ella, pero a la vez muy anhelado.

Después de finalizar sus estudios en Europa se casó con el sueco, lo que hizo que no regresara a su país, además, la guerra de El Salvador estaba en su auge, por lo tanto era imposible regresar. Ella estaba muy bien en Suecia, pero después de quince años era necesario volver a su país y darse unas merecidas vacaciones, además necesitaba hacer unos trámites para lograr la ciudadanía sueca.

Llegó al aeropuerto y su prole la estaba esperando, típicos cuzcatlequísimos que habían alquilado un microbús para llevar hasta la vecina para darle la bienvenida a la hermana lejana. Los reencontrados hicieron los ritos de la llegada de la querida: los abrazos, los besos, las risas y una que otra lágrima… ¡Alegría y nostalgia!...

Llegaron a la casa. Todos rodeando las maletas de la pipil-sueca y ella uno a uno fue dando las cosas que traía desde aquel país tan utópico para ellos. Que la cremita para la Marta, los chocolates para el Josefo, el Wii para los bichos, la camisita para la Chela y cosas por el estilo… y así, entre pláticas larguísimas y pupuseadas todas las noches se pasó la velada y la semana…

Ya era viernes, ese día había sido invitada a la cafetería de la tía More, pero la mezcla de comidas típicas salvadoreñas que se había devorado en su estadía le hicieron una mala jugada y no pudo asistir. Y bueno, aunque ella estaba en la casa, la vida de los habitantes de la misma tenía que seguir, así que con todo dolor del alma los cipotes a la escuela y los adultos a devengar dejando a la huéspeda sola.

Se levantó tarde ese día, el sol de la ventana denotaba que la mañana estaba en su mayor esplendor. Anduvo haciendo nada por la casa, recordando, reviviendo y riendo… riendo mucho. De repente, suena el teléfono, no hay nadie en la casa así que ella se ve obligada a contestar.

- ¿Aló? – contestó ella tratando de evitar su acento sueco-.

- Buenas… eh… ¿Vicky sos vos?

- ¿Perdón? ¿quién habla? – dijo Vicky, la sueca, un poco confundida-.

- ¡Sí! ¡Vicky sos vos! ¡Soy Antonio!

- ¡Toño! ¡Dios mío! ¡Tiempos de no hablar con vos!

- ¿Y qué tal? ¿Cómo estás? ¿Cuándo llegaste?

- Bien, aquí con dolor de estómago, vine hace una semana… pero ‘perate… ¿cómo me encontraste?

- La Chela le contó a mi hermana que habías venido y ella me contó a mí, y no sabía si llamarte, por todo lo que pasó entre nosotros, pero me decidí. Si mirá te busqué en facebook y no te encontré y nadie me quería dar tu número.

- Sí, bueno, al fin soy doctora y me casé allá en Suecia.

- ¿En serio? Honestamente me alegro por vos. Yo también me casé, tengo dos hijos y, aunque no lo creás, senté cabeza.

- Al parecer lo imposible fue posible pues – los dos se carcajearon-.

- Sí… mirá… ¿vamos a tomarnos un café?

- No sé, es que estoy enferma y no hay nadie que me lleve, no quiero andar sola en este país así como está.

- Yo te paso trayendo ahorita si querés y te voy a dejar después.

- ¿No tenés que trabajar ahora?

- No, ahora es mi día libre. Dale, sólo una vez.

- Vaya pues, ¿te acordás de la casa, verdad?

- Sí…

- A pues pasame a traer a las 11. ¿Te parece?

- Sí, está bien. Allá te veo entonces…

Vicky colgó y no sabía qué hacer. Llamó a su hermano para avisarle que iba a salir con el Toño y después se alistó. A las diez y cincuenta se escuchó el timbre de la casa. Los dos reencontrados se miraron en el umbral, sus ojos se abrazaron y se dejaron de abrazar hasta que sus cuerpos ya lo estaban haciendo.

Caminaron hasta un café que estaba como a ocho cuadras. Los dos amigos no pararon de hablar, si alguien los hubiera visto no se hubiera imaginado que esos amigos se habían detestado, o al menos sus estupideces de enculados habían hecho que ellos creyeran que se detestaban.

Lo que menos hicieron fue tomar café, eran dos bichos hablando, hablando tanto que ni todo el tiempo del mundo les hubieran alcanzado para hablar todo lo que querían hablar. Revivieron en su plática aquél amor ya acabado, y nació en ellos un amor fraterno que puedo asegurar nunca acabará…

Se acabaron los cafés y el sol cada vez anunciaba que ya era tiempo de volver a la casa, así lo hicieron. Se vieron otras veces, siempre como amigos y nada más, porque sólo eso eran: amigos, los más maravillosos y respetuosos amigos.

… El avión ya estaba en las nubes, Vicky iba requemada por el sol de la playa del Puerto, empachada de pupusas y tamales, dulcemente empalagada del amor de su familia, pero más que todo feliz, feliz por Toño y su familia…

Ella sabía que iba a volver, sabía que vería a su familia otra vez. Pero, por el momento volvía a su ajetreada vida con su sueco. Sabía que iba a ver al Toño otra vez y esta vez, sí le había dado su número.


martes, 9 de noviembre de 2010

El niño que murió soñando que jugaba fútbol...

El niño frente a Dios juega fútbol.

No hay nada que lo pare esta vez,

Ninguna mirada que lo haga sentir inferior.

Su sonrisa no cambia, sigue sincero…


“Entendeme, si yo pudiera hablarte lo haría…

Conversar con vos algún día quisiera.

Porque sé que vos crees que soy maza sin cantera.

Yo te entiendo, mas vos a mí no me entendés...”


El niño frente a Dios juega fútbol…

El niño murió desde que nació enfrente de nuestros ojos…

El niño creció muerto, atrofiándose con la televisión…

Su madre lo abrazó y nunca lo soltó.


“Si lloro es porque siento que tengo que llorar.

Si río es porque mi risa es la risa más honesta que jamás pudiste haber visto.

Si te empujo es porque nadie me enseñó urbanidad.

Si no te dejo ir es porque sólo con vos me siento seguro.”


El niño y su ángel para toda la vida…

El niño y su atrofiado ser me ha enseñado mucho.

¿Qué se puede hacer por los niños discapacidad?

¿Encerrarlos y pretender que nunca existieron?


“Agradezco a Dios que nunca viví en Grecia,

De ser así hubiera sido asesinado por tus prejuicios perfeccionistas.

Porque yo valgo, y valgo mucho, más de lo que creés.

Pero el sistema no me entendió y sobre la ignorancia me dejó caer…”


El niño, profundo, y el señor ruiseñor cantan la triste canción de abandono.

¡Jugá fútbol, pedacito de cielo! ¡Amá, pena mía! ¡Te amo!

Bendita, bendita tu alma por Dios…

Maldito, maldito sos por la sociedad.


“Decime que me amás aún con mis dientes podridos…

Abrazame aún cuando yo no te lo pida…

¡Sólo quiero jugar con fútbol!

¡Sólo quiero ir a la escuela! ¡Sólo quiero alejarme de la miseria!”


¿Y qué con eso señores? ¿Qué con eso?

Los niños especiales: los niños por vos olvidados…

¿No te da vergüenza, Emperador, no te da vergüenza?

Ver a los niños en escuelas donde hasta el más miserable se siente miserable…


“Triste me siento, triste lloro, triste vuelo, triste vivo…

Jugaré fútbol hasta que muera…

Porque sólo allá, sólo allá mis piernas servirán…”

jueves, 4 de noviembre de 2010

A mi Dulcinea de las Papas...

Mi señora, ya no llore.

Sé que a usted le pesa el dolor

Mas volará igual que el cóndor,

Por su merced ya hay quien ore.


Dolor sentí, usted lloraba.

Llore necesario, amiga.

Por pobres busque la miga

Del oro pan que da el Abba.


Que usted reirá, prometido.

Que usted disfrutará de luz,

Y su alma viajará en el bus

Después de lo padecido.


Dama, que nada le turbe.

Amor, que nada le espante.

Porque su Dios ya le contó.

Amor de madre, enamoró.

jueves, 28 de octubre de 2010

Microrrelato: "Espeluznante"

- Maje... ¿sabés que cada cigarro que te fumés es dos segundos menos de tu vida?
- ¿Ya vas?
- Sí, en serio...
- Vale verga... igual voy a morir asesinado por cualquier cerote en la calle cualquier día...

miércoles, 27 de octubre de 2010

La Bicha Chick Y Sus Zapatos Rosados

Ella los quería. Ella los deseaba. Ella mataba por esos zapatos. Esa vez que fue al centro comercial se enamoró de ese par de zapatos. Estaba consciente que su madre no podía pagarlos, sin embargo, los zapatos tenían que ser de ella. Eran unos tacones, rosados, muy chick. Según ella, perfectos para su piel, y aunque no lo fuesen, ella tenía que ponérselos y mostrarlos en la colonia.

Su madre trabajaba en casa de una familia rica, ganaba un poco más del mínimo. Esa niña, adolescente ahora, había crecido viendo la pompa y el lujo de esa familia, y se juró ella misma que tenía que ser y vivir igual a ellos (cosa que por supuesto nunca logró, mas aparentó que vivía). No fue casualidad que después de haber visto aquellos zapatos en la tienda más elegante jamás vista por sus ojos y de ribete después de habérselos visto la hija mayor de la familia decidió que necesitaba esos tacones.

“¡Es que mamá ya no tengo zapatos!” -le decía la muchacha a su madre de una manera desesperada-. “¿Y los que te mandó tu tía? ¿Los negros?” -respondió ella haciéndose la loca-. “Es que esos no me gustan” “¿Y los tenis blancos que te compré al principio del año?” “Ay… es que no sé. Se miran mal con pantalones punta-de-yuca” “A la puchica amigos con vos, Elena” “¡Mamá en serio! ¡Ya no me quedan los zapatos!”.

Aquella soñadora tenía una labia tal que convenció a la alcahuete madre. “Pero no me alcanza para comprártelos” -comentó su madre después de haber cedido-. “¿Y no los podés conseguir?” -dijo Elena en un tono exigente-. “¡¿Y cuánto valen pues?!” “Cincuenta dólares… en realidad no son tan caros” “Como vos no te ganás el pisto” “Pero mirá los necesito para el sábado porque vamos a ir con las bichas a la multi” “Ay hija, vos sos bien exigente” “Si la otra semana te pagan” “Vaya pues, le voy a ir a prestar a la niña Juanita para que los comprés mañana. No, voy a ir donde don Lito mejor; él presta al quince por ciento, aunque me hace firmar en blanco vos decís que los necesitás…”

… Y ahí va la bicha un sábado por la tarde fantaseando en una selva elitista. Y allí va el grupo de bichas aparentando tener lo que no tienen, con sus zapatos debidos y sus ropas prestadas, ahí no se acuerdan de sus tatas, tatas que están enhuevados hasta el culo…

Bien dicen fachas vemos, billeteras no sabemos…